La Poesía Posbarroca.
La poesía posbarroca se cultivó en la primera mitad de siglo, imitaba a los grandes poetas barrocos de la época (Góngora y Quevedo) abordando temas similares a los del pasado siglo. Entre sus representantes cabe destacar a Gabriel Álvarez de Toledo, Eugenio Gerardo Lobo y Antonio Porcel.
Poesía Neoclasica.
Hacia 1750 surgió una nueva orientación denominadas poesía neoclásica, que terminó imponiéndose a la barroca. En ella coexisten varias tendencias que incluso a veces son cultivadas por el mismo poeta.
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| Félix María de Samaniego |
-Poesía rococó. Poesía de tono menor, con un léxico cortesano y refinado, cuyas composiciones características son las anacreónticas, que emplea metros de ritmo marcado. Sus temas: el amor y la belleza femenina en un ambiente bucólico. Destacan Cadalso además de Diego Tadeo González, Juan Pablo Forner y Juan Meléndez Valdés.
-Poesía filosófica. Cuando Cadalso abandona Salamanca, Jovellanos insta a los poetas salmantinos a abandonar los temas amorosos y comprometerse con una poesía útil a la humanidad y el progreso. En esta línea sobresale Manuel José Quintana.
-Poesía didáctica. Igualmente útil, se desarrolla por medio de la fábula. Sus máximos representante son Samaniego (sus famosas fábulas) y Tomás de Iriarte.
-Poesía sentimental. Hacia finales de este siglo, en algunos poetas como Nicasio Álvarez de Cienfuegos, se acentúan los desahogos emocioneles, cargados de desesperación y pesimismo, con algunas notas tétricas.
Las rosas que, ya marchitas,
de ti con desdén alejas,
la aurora me vio cortarlas,
y hermosas jóvenes eran.
Vivieron. Fue para siempre
su honor y antigua belleza.
¡Ay, todo cual sombra pasa,
y el ser a la nada lleva!
Vendrá el agosto abrasado
ahogando flores y, muertas
sus hijas, a otras regiones
volará la primavera.
En pos, el maduro otoño,
mostrando su faz risueña,
hará que el lánguido estío
bajo sus pámpanos muera.
Mas el aquilón bramando
se arrojará de las sierras,
y, lanzando estéril yelo,
cubrirá de horror la tierra.
Así, la lóbrega noche
sucede a la luz febea,
las risas a los lamentos,
y a los placeres las penas.
Es el universo entero
una inconstancia perpetua:
se muda todo; no hay nada
que firme y estable sea.
Y en medio a tantos ejemplos
que triste mudanza enseñan,
¡ay Filis!, ¿tu pecho solo
tendrá en amarme firmeza?
Romance la Desconfianza -Nicasio Álvarez de Cienfuegos.

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